La Presentación del Niño Jesús en el Templo

El sábado 2 de febrero de 2019 se celebró la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de María Santísima

El Padre Milton Paredes comentó en la Misa de la Capilla de María Madre y Reina de la Unidad: “realmente es lindo pensar que hoy se celebren tantas cosas bonitas: la fiesta de la Presentación del Niño Jesús en el Templo, día de la Vida Consagrada, día de la Luz y celebración de los veinte y cinco años de fundación de la Casa de la Misericordia, además de estar en el año de las “Bodas de Plata de la Obra María Madre y Reina de la Unidad”. Hay muchas cosas que pensar respecto de este día”.

El Padre Milton dijo que: “La Obra de la Unidad es uno de los pocos grupos donde todos los miembros son consagrados. A ustedes les puede parecer bonito decir: “¡Es hermoso como nos trata el Padre Milton porque nos dice que yo soy consagrado, que tú eres consagrada”! Y uno dice: “si, así es”. Es un trato bonito, pero el trato bonito tiene de por sí una exigencia”.

Sostuvo, que el camino para el cual el Señor escogió a los miembros de la Obra de la Unidad no es cualquier camino, ya que todos estamos llamados a ser “consagrados” lo cual implica un “camino de purificación”.

Hizo la siguiente reflexión sobre la Purificación de María Santísima: “¿Se imaginan que María Santísima tenga que purificarse? ¿Por qué? Porque el hecho de que seas consagrado implica, quieras o no quieras, en algún punto de tu vida, que vas a ser purificado. El hecho de que seas consagrado, de que le pertenezcas a Dios, significa que vas a ser purificado”

El Padre Milton insistió que: “suena muy bonito de que todos los miembros de la Obra somos consagrados. Pero y que tal les suena el hecho de decirles: “ustedes van a ser purificados”. Yo sé que puede sonar un poco fuerte, pero es cierto. Yo he llegado a la convicción de que los miembros de la Obra y cada persona que tiene un llamado especial a ser parte de un cambio en la Iglesia tienen que vivir una purificación. Todas las personas que son llamadas a ser algo particular dentro de la Iglesia, son llamadas a vivir una purificación”.

Explicó las diferencias entre lo que significa ser religioso y ser seglar o secular. Indicó que ser religioso implica estar unido a la Iglesia “a través de votos de pobreza, castidad y obediencia”. Mientras que un seglar o secular no hace dichos votos. Comentó que dentro de la Iglesia, los sacerdotes pueden ser religiosos o seglares y que éstos últimos a pesar de que no hacen los votos mencionados anteriormente, por el hecho de ser sacerdotes “implícitamente hablando, le ofrecen a Dios la pobreza, la castidad y la obediencia”.

Nos recordó que para los primeros Moderadores Generales de la Obra (sacerdotes religiosos): Padre Alberto Vittadelo y Padre Juan Abril, más importante que el mismo sacerdocio, era ser religiosos ya que para ellos lo más importante era “ser de Jesús”.

Sin embargo, en ese tiempo para poder pertenecer a la Obra de la Unidad, ambos sacerdotes debían renunciar a ser “religiosos” (una renuncia extremadamente fuerte para ellos) para convertirse en “seglares” y así estar a cargo del Arzobispo Diocesano ya que la Obra no contaba con el reconocimiento de la Iglesia para tener una comunidad religiosa, pero “ellos preferían perder el estado religioso con tal de ser de Jesús” -explicó el Padre Milton Paredes-

Refiriéndose a su llamado personal expresó: “cuando a mí Dios me llamó, sentí un llamado de Dios que me dijo: “ven, deja todo y sígueme” (…) “no es que yo pensé que Dios quiere que yo sea cura. Yo sentí que Jesús me llamó a dejarlo todo para seguirle. A Mucha gente se le cruzaban los cables porque decían: “en la Obra de la Unidad no vas a ser cura”. Yo decía: “a mí no me interesa. Dios me llamó a seguirle.

Tuve una reunión con un Obispo en ese tiempo y este Obispo me dijo: “Milton, estás en una comunidad en la que nunca van a tener sacerdotes. ¿Estás seguro que quieres continuar?

Yo me quedé pensando y me dije: “¿Cómo le digo esto a un Obispo?” y le respondí: lo que pasa es que yo no siento el llamado a ser sacerdote todavía, a lo mejor algún día, pero este rato siento un llamado a ser de la Obra de la Unidad. Un llamado a ser de la Obra de la Unidad radical, habiéndolo dejado todo, porque esa palabra me resonaba en el corazón, una palabra que decía: “ven y sígueme. Sígueme dejándolo todo”.

Recordó algunas otras vivencias anteriores al año 2017, época en la que no había un camino seguro trazado ni para él ni para el Padre Eddy ni para el Hermano David y cuando la Iglesia todavía no reconocía que haya religiosos dentro de la Obra de la Unidad porque no estaba aprobaba la Fraternidad Sacerdotal.

Contó una oración que hizo en ese tiempo: “Jesús, aunque yo no tenga hábito, aunque la Iglesia no me reconozca como religioso, para Ti yo soy religioso”.

Continuó: “yo sabía que lo más importante en ser religioso, primero, es que Dios te llame. A mí Jesús me había llamado. Yo pertenecía a una comunidad que no era reconocida por la Iglesia. Pero ¿quién es el dueño de la Iglesia? –por así decir- ¿quién fundó la Iglesia? Jesús”.

A su vez dijo que cuando Jesús llama a sus apóstoles: “nunca admite que le entreguen la mitad (…) A veces nosotros pensamos que ese Jesús ha ido cambiado o ha ido suavizándose con la historia, pero la historia es siempre la misma. Si a ti, como miembro de la Obra de la Unidad, el Señor Jesús te llamó un día, a ti también te dice: “el que no es capaz de negarse a sí mismo, de tomar su cruz y seguirme, no es digno de Mí”.

Así mismo animó a los fieles a poner a Jesús como verdadero centro de la vida: “Si tú pones a Dios como centro de todo, vas a permitir a Dios que se encargue de los tuyos. Pero si tú vives aferrado a los tuyos, entonces Dios va a dejarte que tú te encargues de los tuyos y los resultados van a ser los tuyos, no los de Dios”.

Haciendo alusión a la Palabra de Dios que dice: “quien pierde su vida por Mí, la encuentra” dijo: “eso significa que antes de que Jesús te dé una vida tú tienes que perderla”.

Y cuestionó a la asamblea: “¿Cuantos de ustedes están perdiendo su vida en el camino de la Obra de la Unidad, por hacer verdaderos hermanos y hermanas en Cristo, hermandades de carne y sangre, para que el Señor algún día les diga: “has perdido tu vida, te voy a dar otros hermanos?

¿Cuántos de ustedes están perdiendo su tiempo para que el Señor les diga, estás perdiendo tu vida que es tu tiempo, Yo te voy a dar algo mejor que es amor verdadero? Ustedes, queridos miembros de la Obra, son consagrados”.

Invitó a los miembros de la Obra a renovar su consagración indicando que: “las almas necesitan de gente que les hable de experiencias reales. Muchas veces esa experiencia no va a venir ni del Padre Milton, ni de Juan, ni de Marcia, ni de Roberto, ni de Danilo, ni de nadie que ustedes sientan a la cabeza, sino de ustedes. De las almas de ustedes, tienen que venir experiencias verdaderas de vida que ayuden a transformar a otras almas porque Jesús les llamó a ustedes a ser consagrados”.

Finalmente, pidió a todos pensar en: su consagración, en lo que cada persona tiene para ofrecerle a Jesús y dijo: “no les estoy pidiendo que hagan un tratado de teología, solamente vayan al Evangelio de Mateo que dice: “si no eres capaz de tomar tu cruz, negarte a ti mismo y seguirme, no puedes ser mi discípulo”. Solamente mediten en esa parte que dice: “quien empuña el arado y mira hacia atrás, no es digno del Reino de los Cielos”. Eso está dirigido a ustedes también”.

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