CONSIGNA DEL AÑO 2026
ABANDONO, SERVICIO, HACER EL BIEN
Charla de Marcia Morcillo de Dávila, la Violeta de Jesús

Pedir una consigna al Señor, y tratándose del ABANDONO, como una consigna que Él nos pone este año, significa que Él nos da la Gracia para que podamos crecer, para que podamos en esa consigna hacer lo que nos toca hacer este año con la bendición de Dios. Y es hermoso que el Señor pueda dirigirnos de esa forma, dándonos algo tan específico en lo que debemos trabajar como almas, y, de alguna manera el Señor también nos probará en eso, porque cuando nos comprometemos con Él ponemos todo nuestro amor y nuestra voluntad para crecer, que es lo que anhelamos, para ser más de Él. Al mismo tiempo, el Señor nos forja, muchas veces a través de pruebas, porque a través de estas pruebas va consiguiendo en nosotros esa meta que Él anhela en nosotros y que nuestras almas también anhelan.
Por eso, pensar en el abandono en este momento, es algo que quizás debemos reflexionar, ¿Qué significa verdaderamente ese abandono del cual nos habla el Señor? Es una palabra simple, el abandono, y que podemos tener un concepto sobre la palabra, pero más lo vamos a entender en las vidas de las personas que siguen a Dios, en las vidas de los santos, por ejemplo, o en personas que hemos visto que viven con verdadero abandono a nuestro alrededor. ¿Qué es el abandono y cómo podemos alcanzar ese abandono que el Señor quiere en nuestras almas?
Muchas veces hemos hablado de momentos, de cómo hacemos las cosas por momentos, y esos momentos nos permiten experimentar un poco lo que Dios quiere de nosotros, sin embargo, Él quiere que sea una constante. Por eso reflexionemos un poco qué puede ser el abandono. Dejarse llevar, puede ser una frase más precisa. Porque sí, podemos hablar y decir muchas cosas, como les digo, de forma general o conceptual, pero realmente esa práctica de dejarse llevar como algo permanente en nosotros, piensen ustedes con la mano en el corazón, ¿realmente es algo que hacemos? especialmente cuando hay circunstancias que no esperamos, que van contra toda lógica nuestra o que nos cuestan mucho dolor o que significan un conflicto o una crisis. ¿Nos dejamos llevar? ¿Qué piensan? ¿Y qué ejemplos podemos ver de verdadero abandono? ¿Cómo es un alma que verdaderamente se abandona? de este abandono del que habla el Señor.
¿Qué hizo Juan?
Quizás el Señor le permitió vivir eso a Juan porque era necesario que él transforme su alma y se convierta en un verdadero testimonio o ejemplo dentro de la Obra de la Unidad. Pero ¿por qué pensar de esta manera? Porque lo que vivió Juan fue una prueba en su vida, fue una crisis, fue algo no fácil de sobrellevar y que muchas personas lo llevan de forma distinta. ¿Si o no? Pero si vamos un poco más allá, no necesariamente este estado de abandono se puede dar únicamente en una crisis. Una crisis puede ayudarnos, por ejemplo, en el caso de Juan que ustedes dicen, que fue una crisis larga de casi un año, pero no necesariamente una crisis es el permanente de nuestras vidas.
Yo he visto personas que dicen tener mucha fe y en el momento de la prueba oran con desesperación, o no se hallan, o están completamente descolocados ante la prueba, o se llenan de ansiedad, o de angustia, o de depresión, o de tristeza, o de desesperación. No hay esperanza para nada, y es casi casi como si estuviesen obligados a estar en esa prueba y diciéndole a Dios confío y me abandono, de la boca para afuera, y eso es muchísimo más duro. Sin embargo, es más común.
Por eso, es importante no esperar a la prueba para vivir el abandono, que debería ser algo que vivamos permanentemente. Las pruebas, grandes o pequeñas, siempre las vamos a tener como humanos que somos, pero el estar depositados en las manos de Dios nos hace vivir diferente, aún las pruebas más difíciles. Pero ese “diferente” no lo vivimos todavía ¿sí o no? piensen ustedes, los que están aquí, que pueden vivir una prueba complicada.
Yo les decía, no hay que esperar a la prueba, si no hay que, esperar a la prueba, para vivir el abandono, ¿Cómo podemos este año alcanzar ese abandono, esa confianza plena que el Señor quiere? Si el Señor este año nos va a dar esa Gracia de manera particular, si Dios nos va a dar una Gracia especial, porque nos cuida de la forma en que lo hace, hasta el punto de darnos un consejo al principio de año, una consigna, entonces ¿por qué no lograrlo? ¿Por qué no alcanzarlo? Si la Gracia está, el resto depende de nosotros.
Volvamos al principio, porque todo lo de Dios vuelve al principio. ¿Cuál es el principio? El principio de cómo vivimos cada uno nuestra fe, de cómo vamos caminando cada uno en esa unidad interior, de cuánto realmente en nosotros cada año que pasa podemos dar cuenta de algo diferente, de verdad. Por ejemplo, que soy una persona orgullosa y este año puedo darme cuenta de que la lucha contra mis propios orgullos me ha ayudado y he vencido en muchos, aunque tenga que seguir trabajando. Que soy una persona insegura, que soy una persona llena de miedos y temores, que soy una persona que trata de auto controlarlo todo. Que la fe todavía para mí es apenas un 50% porque mucho está en mi propia voluntad, mi propio razonamiento, antes que dejar a Dios actuar, convirtiéndome yo en un alma abandonada en Dios realmente.
Hay frutos que da el abandono en un alma. Pensemos en la Santísima Virgen María, ¿Cómo era ella? Ella decía: «soy como como una hojita al viento en esta corriente de la Gracia, en este océano de la Gracia, una hoja que anda por el mar de la Gracia, dejándose llevar solamente por las olas. Es tal la fe, el creer en Dios, el vivir a Dios de tal manera, que lo que sea que pueda ocurrir en el día a día de mi vida, realmente no llegue a afectarme porque el primer pensamiento, sentimiento, posición, piso, es Dios. Que la confianza sea tal, que, a pesar de vivir una situación difícil, una situación que nos puede parecer imposible, más todavía, por ejemplo, si toca a nuestros seres amados.
Entonces, esa aspiración de María, que debe ser para nosotros Guía, Maestra y Modelo. Esa aspiración de vivir ese abandono pleno, de ser realmente como una hojita al viento en el mar de la Gracia, de la Providencia de Dios, de lo que Dios suscita en mi vida y que Él sabe por qué lo suscita. Primero debemos pensar siempre, en cualquier circunstancia, que “Dios es bueno”. Hay muchas personas que no lo sienten así cuando viven una prueba y llegan a resentirse con Dios, y pueden pasar los años, y resulta, que es un fuerte resentimiento con Dios que no les permite tener un acercamiento mayor. Si Dios es bueno, aunque no lo entendamos, siempre hará cosas buenas para nosotros y nos llevará siempre a donde nosotros no esperamos llegar, porque solamente Él puede llevarnos, pero en sus caminos.
Vivir a Dios así, conocer a Dios así, es realmente salir de nosotros mismos. Para tener una visión, una experiencia distinta de un Dios que yo no comprendo. No podemos con nuestra lógica decir “¿por qué permitiste esto o aquello?”, porque no lo vamos a entender. Pero cuando el tiempo pasa, Dios, en nuestra fidelidad, nos muestra por qué ha permitido una u otra cosa. No es algo difícil, no lo es, es algo que requiere un ejercicio de la voluntad de cada uno. Si yo amo a Dios primero, y por sobre todas las cosas; si yo quiero ser de Dios, verdaderamente, y quiero seguir sus huellas, y quiero ser lo que Dios quiere que yo sea, porque sé que es lo mejor, esa es la primera decisión voluntaria que cada uno hemos tenido en algún momento de la vida. El problema es mi voluntad propia, y cuántas cosas yo he arraigado o estructurado en mi voluntad.
Cuánta paciencia, digo yo, tendrían los santos al darse cuenta y experimentar cómo un verdadero abandono puede llevar a transformar tantas cosas en la vida, y cuántas ganas de que todos vivan lo mismo, sin embargo, por quedarse en su propia voluntad, en sus propias estructuras, en sus propias maneras de ver la vida, se quedan cortos también en todo aquello que el Señor quiere dar. Muchas veces el Señor dice, tengo las manos llenas, las arcas llenas, pero ustedes no me permiten darles. Y esa parte inconsciente de nosotros, esa parte ciega que tenemos cada uno, en donde existe aquello que no le entregamos al Señor, así sea nuestra propia seguridad personal, nuestra propia lógica, nuestra propia manera de ver el mundo, de resolver las cosas, aún eso hay que entregarle, hay que entregarle todo para que Él sea el que haga en nosotros, resuelva en nosotros, piensa en nosotros, viva en nosotros, hable en nosotros y, en la medida en que esto se hace como una decisión voluntaria, en la que nos empeñamos en trabajar cada uno de los días que pasa, ese abandono se hace mayor, esa confianza se hace mayor y pasan los años y podemos darnos cuenta cuánto nosotros hemos disminuido para que sea Dios el que viva.
Pero yo les digo, he visto de cerca muchas personas piadosas que cumplen con muchas cosas, pero cuando oran, tú ves cuánto, cuánta falta de abandono, cuánto “yo”, cuánta fuerza en su propia voluntad y querer controlarlo todo bajo su propia lógica. Esto nos hace infelices, Dios nos quiere gozosos, plenos, felices, pero la manera de hacerlo es realmente llegando a depositarnos plenamente en Él, voluntariamente, ejercitándonos en eso. Y cuando viene un problema o viene cualquier cosa, y lo primero que sale es este “yo” acostumbrado y habituado a responder, a reaccionar, a ser impulsivo, a decir lo que sea, antes que detenerse en el silencio necesario para poder sentir: “amo a Dios y tengo que practicar el abandono”, no lo hacemos.
Cómo sería de lindo para el Señor, si cada uno de nosotros, realmente le naciera ese anhelo profundo y verdadero de querer abandonarse más, de aprender, de ser mucho más de Él. Cada una de las cosas, de las pruebas, de lo que vivimos, de este camino de ir purificando nuestro interior, debe en nosotros, dar cuenta de cosas nuevas, no de llegar a sentir: “es que yo soy así y así voy a ser siempre y así siempre seré hasta que me muera”, o, “Es que es parte de mi temperamento”, o hasta, “es característica de mi familia”. Nos acostumbramos a ser callados, o nos acostumbramos a ser impulsivos, y yo soy parte de lo mío, y creemos que, porque hay pecados familiares, pecados sociales, pecados como países, entonces está justificado en la masa, cuando Dios hace santidades individuales.
A veces, cuando vemos las vidas de los santos, nos quedamos asombrados de su abandono. Estaba leyendo, por ejemplo, del abandono de San Juan de la Cruz. San Juan de la Cruz, en medio de todo lo que Dios lo hizo vivir, hubo un tiempo en que él se sentía desolado y tuvo que abandonarse aun en la desolación, aun cuando no sentía nada. Un abandono que lo purificaba. porque a pesar de no sentir nada, para San Juan de la Cruz, como ejemplo para todos nosotros, hay que decir: “Dios es bueno, y aunque no entiendo por qué estoy así, Dios es bueno y yo me abandono en Él y sé que Él todo lo puede y todo lo conseguirá. Aunque tenga que vivir esto el tiempo que sea.”
¿Cuántas veces en el mundo moderno, realmente, no sentimos lo mismo? Podemos llegar a sentir vacíos. Mucho se habla de que hoy por hoy, especialmente la juventud, vive de la complacencia inmediata, del problema de las redes, de las pantallas, etcétera, etcétera. Y la sociedad misma se va acostumbrando a la complacencia inmediata y muchas veces esto lleva cada vez a más y más vacío cuando no hay un verdadero cultivo de la vida interior, del alma, de purificarse cada uno y de alcanzar poco a poco la unidad con Aquel que todo lo puede en mí. Y en esta vorágine mundial que vivimos, resulta que hay mucha soledad, mucho suicidio, mucha depresión, muchos vacíos, y aún en medio de todas estas enfermedades que se han hecho tan comunes hoy por hoy, es difícil realmente encontrar a alguien que, al estilo de San Juan de la Cruz, pueda decir: no siento nada, pero creo en Ti y aunque sea de la garrita, como el gato, agarrado de una canasta, me agarro de Ti. No siento, no veo, no sé, pero me agarro de Ti y Tú harás en mí.
Pruebas diferentes que Dios puede permitir en las almas, pero “Él no defrauda a quien en Él confía”. Y esta es una máxima que debemos tener presente en la vida: Dios no defrauda a quien en Él confía. Entonces, aún en medio de las situaciones más oscuras que nos podemos imaginar, aún hay como ejercer la voluntad para decir: «me agarro de Ti, aunque no sienta, aunque no entienda, aunque no viva”. El abandono va haciendo en nosotros un camino, un camino de lo que Dios quiere: que tú reduzcas, que tú mueras para que Él viva y que, con el paso del tiempo, sea cada vez mayor ese reducir yo para que Dios crezca en mí.
Lo hermoso de todo eso es llegar a sentir, casi que palpar, que es Dios el que vive en ti, que es Dios el que mora en ti, que es Dios quien maneja tu vida, tus días, tus problemas, tus circunstancias, tus situaciones; que es Dios el que se preocupa de lo tuyo, más que tú mismo, porque tú no puedes. Y ese es el fruto. Pero no podemos llegar al fruto si no hay un trabajo voluntario. No hay nada más fuerte ni más potente que la voluntad de cada uno. Muchas veces yo les he dicho a los que están a mi alrededor: ahí, en el momento de la prueba, en ese momento en que tú ya tienes conciencia de cuál es tu problema, de qué formas reaccionas, de cómo piensas; a la próxima, en ese mismo momento, reacciona. Disponte a que la próxima vez no vas a reaccionar de la misma manera y vas a hacer un cambio. Y sí se puede. No permitiendo al “yo” salvaje y desordenado que haga lo que quiere.
El “yo” es como un ratoncito en un cuarto. ¡Traten de atrapar al ratoncito! pero con la voluntad se puede, porque el Señor ha dicho, y es verdad, y ese es el poder de todos los santos, que no hay nada que tú no consigas con tu voluntad. Dios necesita esa voluntad, el resto lo hace Él. Pero debemos dar cuenta de cambios hasta el último día de nuestras vidas, porque siempre hay algo nuevo, algo hermoso, algo bello, en esta aventura mágica, espiritual de conocer a Dios, Porque Dios no es lo que tú te imaginas que es, ni entra en lo pequeño de tu propia cabecita, ni de tus problemas.
Humanos somos todos y es difícil en una circunstancia complicada decir: “está bien Señor, Tú lo arreglarás, yo haré todo lo que deba hacer en todas las potencias, dones que me has dado, pero yo sé que el resultado será tuyo y me abandono en eso. Y el abandono tiene que ser tal que aun cuando yo me imagine que el resultado sea otro, distinto al que yo hubiera esperado, pues viene de Ti y Tú sabrás por qué lo permites así”. Hasta tal punto tiene que llegar ese abandono.
Porque si tenemos ese convencimiento, en nuestra relación con Él, que es lo primero, de saber que todo lo permitirá por algo, porque Él es bueno, porque Dios no defrauda a quien en Él confía, entonces pase lo que pase, venga lo que venga, “lo viviré, Señor, porque Tú así lo quieres y lo permites en mi vida”. Hay muchas cosas que vivimos en la vida que son consecuencias de errores que hemos cometido, de actitudes que no debimos haber tenido, de cosas de las que nos podemos arrepentir porque no logré hacer esto o aquello. Y Dios endereza los caminos y muchas veces permite otras pruebas y otras circunstancias para enderezar el camino que yo erré. Y aun eso es bendición y es Gracia, porque solo Dios conoce tu felicidad plena, completa, y Él sabe a dónde te puede llevar y a dónde te va a conducir.
Y si en el camino ha habido errores, pues Dios es un Dios de orden, y Él va poniendo el orden como Él quiere, donde Él quiere, de la forma que quiere, y no necesariamente como nosotros pensamos, pero siempre te va a conducir a tu plenitud. Por eso es mejor abandonarse que no hacerlo, confiar en Él que no hacerlo, y no confiar en nosotros mismos, porque si sabemos, como certeza que son cosas reales y que yo he probado y que ya he visto en mi vida, y en la vida de otros, y en los ejemplos de los santos, entonces no hay por qué poner un poquito de duda, consciente y voluntariamente en lo que el Señor hace en mi vida, que es perfecto.
Aun en medio de los errores, Él sabe conducirnos perfectamente a donde Él quiere. Por eso hay que dejarse llevar, y lo cierto, es que una vida de abandono te lleva a darte cuenta, al final, de que hiciste lo que jamás hubieras pensado que ibas a hacer, de que te llevó por caminos que no imaginabas, de que te hizo entrar en mundos que nunca tú te hubieras metido, de que puso en tu vida personas que no sabes cómo las puso, de que te regaló familia o te regaló hijos y no se equivocó con los que te dio y que todo lo preveía y todo lo sabía y todo lo conocía. Así que, si estoy aquí ahora, viviendo lo que estoy viviendo, “bendito seas Señor”, es lo que hay que decir, “Gloria a Ti, Señor, porque me pusiste aquí sabiendo que yo iba a responderte por tu Gracia”. Y no hay nada más hermoso para el alma que saber que puedes responder a la Gracia de Dios, que es la única que te lleva a ser plenamente feliz.
Hay mucha gente que puede decir: “Dios, no”, “ser cristianos, no”. Recuerdo a una persona joven que decía: «No, yo prefiero no acercarme a Dios, porque yo no quiero sufrir, porque los que se acercan a Dios tienen que vivir sufrimientos”. ¡Que torpe puede ser a veces nuestra lógica humana! Y lo primero que hay que reconocer es que tu lógica humana no tiene la razón, porque no conoce a Dios. Y lo increíble, desde el tiempo en que el Señor estuvo con nosotros, es que Dios es Dios de milagros, porque a pesar de que no fuese necesario, si es que hay un camino en Dios, sin embargo, Dios nos da muchos milagros, especialmente para premiar de alguna manera la fidelidad y para mostrar también, que Dios todo lo puede, aun lo imposible.
Por eso la confianza y el abandono abarca todas las áreas del ser humano. Como les decía hace un rato, volvemos al principio, tu vida interior, tu fe, porque abarca todo este orden interior que tienes o no tienes, o que te falta caminar, pero que puedes poner voluntad porque tienes la Gracia especialmente este año para hacerlo. Y en este abandono verdadero, como un estado del alma, vivir en Dios, tener a Dios, confiar en Dios, tener fe en Dios, produce muchos frutos en todo el ser. Una persona que se confía y se abandona, es una persona que no vive de miedos, ni del futuro, ni de circunstancias ambiguas, porque hay algo que la sostiene que es la fe; no especula, se deja llevar, que es diferente. Pero confía ciento por ciento, sabiendo que, si el resultado es quizás de esta manera o quizás de esta otra, igual será bueno.
Y el vivir el abandono, la confianza plena, ¿a qué nos lleva? ¿Cuál es el fruto de vivir una vida abandonada en Dios? La paz. Y la paz es un fruto que habla de la presencia de Dios. La presencia de Dios se muestra en la paz que un alma vive, en la paz que esa alma emana, en la paz que contagia. En esa paz que todos queremos tener. Esa paz es el fruto completo de la presencia de Dios. Y si Dios se ocupa de lo mío, y esta es la segunda parte de la Consigna de este año, el SERVICIO, y si Dios se ocupa de lo mío y yo me ocupo de lo de Dios, el fruto resulta evidente.
Yo me ocupo de lo de Dios, porque amo a Dios y amo lo que Dios ama, y el “Señor nos necesita” para mostrarse al mundo, porque necesita mostrar estas almas transformadas en Él, que han sido capaces, como todos somos capaces, y que necesitan convertirse en alimento para otras, en pan místico para otras.
El Señor decía al principio de la Obra: «Yo quiero que cada uno sea un santuario de unidad, que cada uno sea una custodia viva”, de una transformación en la cual todos alrededor puedan ver que es Cristo quien vive en mí, como dice San Pablo. Y ese servicio a los demás, que es solamente ese contagiar con la Gracia de Dios, a todo aquel dándole aquello que gratis hemos recibido, es algo que conmueve el corazón de Dios. Y si tú te ocupas de sus cosas, Él se ocupa de las tuyas, y es así como 2 + 2 son 4, y entre más te ocupes de las cosas de Él, más se ocupa de las tuyas, porque ese es un camino de fidelidad, y Dios se derrite ante el alma fiel. ¿Por eso, qué piensan de la consigna de este año? ¿Qué piensan? ¿Qué significa eso?
Alguien del público contesta: Le siento súper difícil porque siempre sale, sale lo mío y quiero controlarlo, quiero controlarlo todo.
¿Y qué vas a hacer en la práctica? -pregunta Marcia (No se escucha la respuesta)
Responde Marcia: que así sea, y ponle todo el empeño precisamente si tú ves que quieres controlarlo todo. En las circunstancias y en los problemas es donde cambiamos.
¿Qué más?
Alguien del público contesta: Un regalazo, la paz, yo quiero alcanzar. Realmente quiero vivir todas mis realidades de vida con esa paz. Y creo que, no sé si tengo ya un camino, cosas específicas que estoy trabajando en casa, que realmente sí me han llevado a tener mucha más claridad, como tú decías al inicio, que sí se puede, aunque me caiga otra vez, pero tengo eso que aprendí ese gatillo que ya me quedan en la vida, me va a volver a pasar. Es algo que puedo caer en eso. Entonces, a tener un día a día con mayor, a dejarme llevar
Qué bueno escucharlos así de prácticos, así como para Carlitos es difícil, y tú dices en qué practicas lo que a ti te toca. Es bueno ser prácticos porque en ese ser concretos también van caminando. Siempre yo les he dicho que eso de que de pronto escuchen y puedan decir: «Sí, sí, entiendo, qué bueno, qué maravilloso» o incluso “me contagia lo que tú puedes decir” o lo que sea, pero hasta ahí llega, no es suficiente porque también desperdician el momento de comenzar que Dios les puede dar, o de continuar, o de caminar, o de progresar. Por eso les pregunto: ¿qué más piensan sobre esta consigna?
Interviene persona del público que no se escucha
Justamente cuando estaba hablando Magdalena, estaba pensando que el abandono en Dios, como muchas cosas de Dios, no es que sea algo mágico, o sea, tú haces y te resulta, sino que hay que trabajar en nosotros, hay que poner voluntad y sobre todo tener este camino interior, que de alguna forma siempre hay que cuidar, hay muchas personas que descuidan su vida interior y su querer verdaderamente amar más a Dios, tener mucha más fe y caminar en ella para que haya esta transformación que te lleva al abandono como un estado de vida.
Por supuesto que es bueno, y es bueno pedirle al Señor, y es bueno orar, y es bueno que le digas en mi trabajo bendíceme y que las cosas se den, Pero ¿qué pasaría por ejemplo si no se te diera, aunque tú te abandonaras? ¿Qué pasaría? Te decepcionas. Sí, y a eso quería llegar, el punto de que tú te decepciones. Pónganse a pensar que la decepción no es de Dios, es absolutamente humana; o sea, es tu “yo” el que está ahí, es ese yo que tiene que seguir siendo trabajado en la fe.
Porque cuando tu oración de abandono en ese sentido es completa, tú le puedes decir al Señor: “Señor, ayúdame, aquí está todo, todo es tuyo, los clientes, las cosas, el trabajo en todo sentido, pero siempre, Señor, que se haga tu voluntad”, sea lo que fuere; y de pronto, si tuvieras alguna prueba de algún tipo, también tengas el mismo estado de decir: “Sabrás Tú por qué lo permites, yo me abandono y sé que me vas a sacar de esto”. Hay muchas personas, que cuando no hay este caminar y lo que prima es el “yo”, pueden decir, pero “¿por qué? ¿Por qué me sucede esto si yo he estado bien en todo lo que he hecho y te he cumplido con todo, por qué me está sucediendo esto?” o, pueden decir algún otro tipo de cosa en contra de Dios, o, no entender qué es lo que está pasando, o muchas otras cosas que están hablando del “yo”. El punto del verdadero abandono es que tú camines en este camino trabajando en tu “yo”, para que seas menos tú y más el Señor, y sea lo que sea que pase en la vida, puedas comprender a un Dios actuante sobre eso; y sea lo que sea y pase lo que pase, el Señor te sacará con bien, porque es Dios, y porque lo que te suceda y vivas y lo que sea, será por tu bien.
A una persona, por ejemplo, no le salió algo que deseaba mucho, un viaje, qué sé yo, y después de un tiempo le salió a otro lado, y después con el tiempo se da cuenta lo bueno que fue que le haya salido a este lado y lo mal que hubiera sido que le hubiera salido al de acá. Son cosas que suceden, pero que en el momento uno no las entiende, por poner un ejemplo. Pero Dios sabe, o sea, agarrarse de Dios hasta el punto de decir: “lo que pasa en mi día a día es tuyo, Señor. Y si Tú permites esto de esta manera, Tú sabrás, yo me abandono en Ti, porque mi vida es tuya”, y que tu oración de abandono sea esa. Yo sé que hay muchos momentos que pueden causar angustias fuertes, especialmente cuando se trata de nuestros seres amados. Pero aun así el abandono en Dios debe ser ese.
Yo les he contado, les he dicho, y les voy a decir así muy chiquito, pero, cuando mis hijos eran pequeños hubo un momento en la vida en que el Señor me pidió a mí, dentro de mi camino y de lo que yo tenía que hacer dentro de la Obra, o lo que sea que pueda ayudar en la formación de la unidad interior, o lo que sea, el Señor me pidió una renuncia muy, muy grande en mi maternidad. Y el Señor fue claro conmigo. Durante un mes yo me preparé porque además me dijo que me prepare para eso.
Prepararme significaba poner toda mi voluntad en el empeño y decirle, entender, tratar de entender, hasta donde yo podía, por qué el Señor me pedía a mí eso en mi maternidad, pero más allá de poder entender, en mi amor por Dios, en mi entrega a Dios total en ese momento, era más o menos, cuando mis hijos eran chiquitos, en el primero de mis hijos viví también algo que fue un proceso importante en mi vida, donde ya después, cuando el Señor me pidió esto, Dios era para mí todo, el piso, el centro de mi existencia. Entonces, cuando me pide esto, incluso yo pensaba, decía: “Señor, si te lo he entregado todo ya, si Tú eres el centro de mi vida, si eres todo para mí, si eres el Rey de mi existencia, si yo me paro en Ti y respiro contigo, hago todo contigo, ¿por qué me pides esto?” O sea, no era un “por qué” de reclamo, sino de tratar de entender, pero más allá de eso, más me pesaba mi fe, mi amor por Dios, sea lo que sea que me pida, y entienda o no entienda, llegó un momento en mi preparación en que yo le dije: «aquí estoy Señor, si quieres mi maternidad también, tómala completa, si mañana (mis tres hijos mayores eran chiquitos) tienes que llevarte a mis hijos, a los tres, asumo, acepto, es tu voluntad, Señor, si eso me pides, me preparaste para esto.
Al día siguiente de esto, mi hija, que era chiquitita, que tenía cuatro o cinco años, tuvo un accidente, un accidente grave y pudo haber perdido su ojo. Fue tan milagroso lo que pasó. Yo fui al hospital pensando, bueno Señor… Fui al Santísimo primero y de ahí me arrodillé y le dije: «Me voy a vivir lo que Tú quieres que yo viva» y no sabía qué iba a pasar. En ese tiempo no teníamos tantos celulares como ahora ni nada; y fui a emergencias del hospital sin saber con qué me iba a encontrar, y cuando llegué yo estaba en santa paz, tanto que me filmaron de Ecuavisa porque hacían la denuncia de lo que había pasado, porque era con un grupo de niños chiquitos, y entonces, una de las cosas que la gente me decía es: “yo no puedo entender por qué estabas con tanta paz en la cámara”, en las noticias que salían a las ocho.
Entonces finalmente, tuvieron que hacerle una larga operación a la niña y finalmente el Señor en aquel momento me dijo: «Yo evité para ti un dolor mayor por tu fidelidad», porque fue un milagro que ella salió perfecta, no le pasó nada a su ojo, nada, nada, nada, cuando todo indicaba algo inevitable en ese ojo, porque era un tigrillo, que la atravesó así, que tenía que haberle dañado el ojo, todo y ella salió perfecta.
Entonces, yo aprendí dos cosas: primero, el Señor me llevó a la prueba hasta el final, porque tienes que entregarle todo, porque siempre hay algo nuevo en el abandono en Dios. Y después aprendí que cuando tú eres fiel, Dios hace milagros, pero ese nivel de abandono, de decirle “lo entiendo más allá de todo, sea lo que sea, no importa Señor, yo te amo, eres Tú en mi vida y yo te digo que sí, Tú me preparaste para esto, tómalo todo si quieres, todo, hasta mis hijos, llévatelos si es tu Voluntad», como Abraham.
¿Sí me explico? Entonces por eso yo les repito, en todo lo que les pregunto, no es solamente que escuchen sobre el abandono y la confianza en Dios y que uno tiene que ir trabajando en esta unidad interior en que la fe sea cada vez más fuerte para que el abandono sea un verdadero fruto. Hay muchas personas, y hay personas dentro de la Obra, que se llenan la boca diciendo muchas cosas que no viven. Y ese es el punto, es verdad, el Señor en nuestra Obra nos ha dado un hermoso carisma, un carisma de plenificarte como alma, y en ese sentido es exigente porque tú tienes que trabajar en ti mismo; darte cuenta dónde están tus mezquindades, tus orgullos, tus egoísmos, estas cosas para que, verdaderamente, puedas en esa conciencia trabajar en ellas entregándole a Dios y como le decía a Carlitos, ahí en el momento de la prueba, ahí, ahí cambia, ahí, en eso que estás viviendo, no reacciones como siempre, reaccionas diferente porque tú sabes que eso es un problema en ti.
Entonces este vivir en un estado de abandono se vuelve ya el pan de tu de tu vida diaria, o sea, más allá de todo lo que viva, de lo que me suceda, de lo que espera en el futuro, yo sé que será bueno porque Dios está conmigo. “Dios es bueno y Dios no defrauda a quien en Él confía” en las peores circunstancias.
¿Sí, alguna otra pregunta? Las preguntas son buenas.
Definitivamente hay muchas cosas. Había un estudio de psicología que hablaba de las personas con fe y las personas sin fe. Las personas con fe son personas mucho más estables, mucho más seguras, mucho más sanas. Y estábamos hablando de fe, o sea, no necesariamente alguna fe, sino personas que vivían la fe y personas que no la vivían. O sea, el abandono ¿qué causa? Precisamente, permitirle a Dios esto, simple, permitirle a Dios que Él viva más en ti, que domines cada vez más estas cosas de tu “yo” y que Él crezca en ti y tú disminuyas en todas estas humanidades, sí. Entonces el vivir así “agarradita” totalmente de una fuerza que es mucho más grande que tú y que la sientes más grande que tú, va haciendo que domines muchas cosas en ti: las tristezas, las ansiedades, las angustias, las preocupaciones, el autocontrol, el miedo, porque ya no confías en ti, confías en esa fuerza más grande que tú, que vive en ti, que es Dios.
Pero para que puedas hacer eso tienes que amar y sentir y vivir a Dios más en ti, porque si no, ¿cómo lo consigues? Así simple es Él, el camino. Entonces, por supuesto que sí, y por eso es que, por ejemplo, después de una charla, debemos salir pensando y sintiendo: «Yo quiero eso, yo voy a conseguir eso, yo le voy a poner voluntad a eso ¡yo voy a luchar contra mi orgullo! Yo sé que reacciono súper orgullosa, yo sé que puedo humillar a otro, yo sé que puedo maltratar al otro, voy a controlar mi lengua, voy a controlar lo que sea, mi voluntad, el autocontrol, mi “lo que sea”, que yo sé que a mí me domina», y lo vas logrando pasito a pasito, prueba tras prueba, circunstancia tras circunstancia, pero lo vas logrando porque aplicas tu voluntad y la Gracia hace el resto. ¿Sí?, entonces ese es el camino.
Por eso, cuando el Señor nos dice ABANDONO Y CONFIANZA Y SERVICIO son: camina en ti, camina en tu relación con Dios y ese abandono lo vas a tener porque es Gracia que el Señor va a dar especialmente este año, y tu confianza va a aumentar y si te ocupas de las cosas de Dios este año, especialmente este año. Ocúpate de las cosas de Dios y Él se va a ocupar de las tuyas, cien por ciento garantizado.
Dice el padre Milton: Quienes hemos podido contemplar la vida de Marcia, desde estos testimonios, a mí sí me impresiona como siempre uno tiene que entenderlo viendo cómo se desarrolla la vida ¿no? Yo me acuerdo de que hace unos 6 años que, estábamos en el carro manejando con él (Juan Sebastián Merino) y con Liesel, la niña del accidente del cual les habla Marcia, aquí la conocen (señala a Liesel), en ese tiempo Juanse estaba de conquista.
Íbamos a 120 k/h en el carro y nos estrellamos contra una vaca. Un choque, un choque fuerte, en la costa, en la vía de la costa, no era cualquier vaca, eran esas vacas costeñas y de verdad que fue un choque fuerte. O sea, la mitad del carro quedó dañado, se rompió el vidrio de ese lado (el lado del copiloto) o sea, se dañó el carro de un lado, del lado del choque. Y Juanse iba conduciendo, Liesel iba de copiloto, yo iba en la parte de atrás “como” el Espíritu Santo. (Todos ríen)
El golpe movió el carro como unos 8m. Fue un impacto súper fuerte, nos desvió completamente. Estábamos en el filo del otro lado de la vía y yo me ponía a pensar ¿no? cuál hubiera sido mi reacción si alguien amado me llamaba, a decir que le chocó a una vaca y que se rompió el vidrio y que el carro está dañado. Y yo recuerdo que Marcia en una tranquilidad llegaron, o sea, realmente estaban bastante lejos, pero llegaron como en unos 20 minutos. Y yo me acuerdo la tranquilidad que tenía Marcia. Yo mismo me ponía en los zapatos de Marcia y decía, a ver si me dicen que el carro se chocó del lado de mi hija, porque además era eso, no es que pudimos explicar mucho por teléfono, yo hubiera llegado angustiado ¿no?, ¿qué pasó, estás con alguna herida? y no sé qué más… porque realmente hasta el carro hubo que remolcarlo, ya no sirvió más ese carro.
Pero digamos que experiencias como esas, a uno le hacen ver como Marcia no es que entregó sus hijos a Dios y eso quedó ahí hace 20 años, sino que hasta en reacciones como estas, tú le ves a Marcia una tranquilidad así, de que una vez que se entregó algo en manos de Dios, queda entregado en manos de Dios. Porque mi experiencia era, que sé yo, un poco más o menos como las preguntas que les digo que haría.
También, ver la confianza en otras áreas, por ejemplo, yo podía decir, “bueno, Señor, estoy lleno de deudas, ya puse en tus manos”, y al mes siguiente podía llegar a decir, “¡pero ya puse en tus manos y la deuda sigue igual!”
Y me ha pasado a mí particularmente, por ejemplo, recuerdo que Marcia una vez tuvo una expresión que dijo, (no sé si sea exactamente así), pero Marcia hablaba de ser “pobre de amigos”, o sea, como que no necesariamente amigos, amigos que le conozcan, así como que no son muchos. Y, por ejemplo, para mí eso en la vida sí era como que frustrante. Yo siempre quería tener un millón de amigos, como dice la canción. Y a mí sí me frustraba como que la sensación de que muy poca gente me conozca realmente. Y yo hoy por hoy puedo decir eso, que muy poca gente me conoce realmente.
Pero antes yo lo hubiera dicho como con una especie de decepción, de frustración, y yo también, junto a Marcia, he aprendido que incluso los amigos tú no puedes escogerlos. El Señor sabe quién se va uniendo a tu vida. Y antes también me pasaba, que ante cualquier cosa que me sucedía, yo hacía un plan estratégico para solucionarlo, ¿no? por ejemplo, si alguien no quería ser tan amigo mío, yo hacía el plan para recuperar esa amistad, y eso me empezó a afectar como sacerdote también, porque los sacerdotes tenemos algunas mañas, así como hay las mañas típicas del casado y de los papás de familia. Los sacerdotes tenemos nuestras propias mañas, y una maña es pensar que tú salvas a la gente.
Y entonces, el año pasado a mí el Señor me probó, porque yo corregía a mucha gente, y hasta en esas cosas que son imagen, o sea, darte cuenta de que a lo mejor hay cosas que uno puede decir o corregir a la gente y que no les gusta. Yo en otro tiempo hubiera estado, pero “muriendo”. Yo le contaba a Juan, que recién he tenido bastantes correcciones a algunas personas y después, yo escucho que están hablando mal de mí. Y eso es normal, la gente de verdad no tiene idea de lo normal que es en mi vida, pero ahora ya lo vivo ¿sí ven la tranquilidad con la que vengo y la paz que tengo? (Todos ríen)
Pero lo que pasa es que antes, antes yo sí decía, “no me afecta”, pero yo me quedaba mal con la persona. Y hasta eso es esperar. O sea, se debe llegar hasta el hecho de que uno puede no tener expectativas sobre quién debe ser tu amigo, sino quererle a la persona tranquilamente. Que es algo que yo he visto en Marcia, que es un abandono hasta en la parte afectiva, en la parte del corazón. Siempre he visto que Marcia, no importa quien sea, hace lo que tiene que hacer y dice lo que tiene que decirle.
Y yo he tenido la anécdota, de las primeras veces que yo iba a cenas navideñas de las comunidades con Marcia, y Marcia veía alguna cosa que realmente no estaba según lo que Dios quería y Marcia les decía. Me acuerdo la primera vez que fui a una cena navideña y Marcia dice “disculparán lo que les voy a decir, pero es el colmo que ustedes como comunidad, tanto tiempo juntos y no sean capaces de abrir el corazón”. ¡Y era lo primero! y yo, en mi manera de ser, que yo quiero ser chévere, que todo el mundo me quiera, ser querendón, que la gente me abrace, decía, Marcia no habrá como que esperes al “amigo secreto” y después sí… Porque yo de verdad, en ese tiempo, decía “después ya no nos van a querer, o sea, no, no, no, ¿Para qué corregir?” O sea, yo vivía tan condicionado en la relación con la gente que, por ejemplo, yo no podía corregir a nadie, porque vivía en el miedo de que no me quieran.
Y yo he visto mucha gente que es así, es decir, hablaba recién con una persona que me decía que le parece que yo soy un mal sacerdote, y yo le decía “pero explícame porque yo quiero mejorar”, y yo no tenía problema con darme cuenta en qué yo estoy siendo un mal sacerdote; y yo a esta misma persona le decía, “pero yo me doy cuenta de que tú no los conoces a tus hijos”, y no tienen idea cómo se puso esa persona.
Es como que estamos tan aferrados a pensar que nosotros somos buenos padres, buenos hijos, buenos sacerdotes, excelentes, lo que sea, profesionales, y hasta en eso no tenemos abandono. Pero yo he visto en el corazón de Marcia, que ella ni siquiera se suele preocupar de si es buena o es mala madre, son preguntas que yo me suelo hacer. Pero he visto que, en Marcia, que simplemente ella ve un problema y se dedica a eso.
Yo solía pasar y, cada vez menos, porque uno debe darse cuenta en donde está, ¿no?, yo solía pasar por el proceso y decía “qué desgracia, es que yo soy pésimo, es que “no sé qué”, y vivía por el proceso, y le entregaba a Dios y después de eso, decía, a ver, cuál es el problema. Y en el fondo eso es super yoico. Pero yo creo que es hermoso ver cómo en el corazón de Marcia no es que un día fue algo así, que ella le ofreció a Dios algo y después de 20 años, entonces, otra vez tiene que ofrecerlo. Algo que verdaderamente a mí me asombra mucho, es ver cómo para Marcia, lo que ella le entrega al Señor, está entregado y ella no le vuelve a quitar. Yo sí he tenido la sensación y, en eso yo sí quisiera crecer, es como que yo le pongo al Señor así la ofrenda y digo, “bueno, pero ahí está la ofrenda, ¿no?, Señor, te entregué esto, pero no vayas a ser muy agresivo, te estoy entregando esta amistad, pero no me lo vayas a quitar”. O sea, nosotros tendemos a ser así; y a mí lo que me asombra es cómo Marcia confía tanto en este Señor que es amigo, en este Jesús que es cercano, y en este Jesús que guarda lo que es mejor para el alma, al punto de que yo veo, uno ve en todo el tiempo, ve que Marcia le entregó algo a Dios y está entregado y ella lo vive así y tiene paz.
No deja de ser algo que a mí me impresiona, porque yo sí creo que a todos el Señor, y a mí también, nos ha ido forjando. Y qué bendición, o sea, qué bendición que lo veamos en la verdadera dimensión. Porque yo creo que todos nosotros, a todos nosotros nos falta abandono.
Yo les digo, a mí me asombra la gente que se pone feliz de una. Yo verdaderamente, sé lo que tengo que procesar, yo sé las luchas que tengo, yo sé las cosas que me cuesta renunciar todavía, y más bien sabiendo que existe la gracia, yo también me estoy poniendo de camino, o sea, de cara a Dios, te voy a entregar, Señor. Y más bien no quisiera yo compararme con Marcia porque los procesos de Marcia siempre los he visto como son completos, son íntegros esos esos procesos, no son como los míos o como los nuestros, y más bien constantemente, más bien ver que va a ser un tiempo de aprendizaje, no de que nosotros ya lo sabemos, sino de aprendizaje, va a ser muy importante. Entonces bendito Dios por esto, por estos tiempos.
Marcia dice: ahorita que lo escuché al padre, me acordé de una idea, cuando estaba hablando de lo que me pasaba de la maternidad, y es que justo iba a decir que después de eso, he vivido muchas cosas con mis hijos, hasta el día de hoy y las seguiré viviendo, pero nunca, o sea, ese abandono, realmente, fue esa entrega, fue tan completa que yo entendí por qué el Señor me la pidió. ¿Me explico? O sea, por qué el Señor te pide algo, porque muchas otras cosas podrás vivirlas después, de otra manera. Que es lo que decía el padre.
Dice el padre Milton: Vamos a bendecir, y esta bendición también va a ser para los alimentos que nos vamos a servir. Hoy es día de San Francisco de Sales, que también es un santo para el abandono, es un santo que habla mucho de abandono en Dios. Pero ya que Marcia ha invocado a San Juan de la Cruz, que también sea este santo intercesor que nos bendiga y acompañe en este año y en este tiempo.
¿Ustedes si saben dónde estaba San Juan de la Cruz cuando escribió el poema, este poema de abandono? en la cárcel, dice Juan Pablito Polit. O sea lo metieron preso, lo golpearon, pero fueron los mismos Carmelitas de su comunidad, lo golpearon y lo metieron preso en una torre; y mientras él estuvo preso en ese lugar, él escribió sobre el abandono, o sea, también es bueno entender que así como Juan nos habla de lo que es estar para el otro, pero desde una realidad, es bueno que uno entienda la realidad desde la cual se nos está hablando, porque te cambia el sentido, uno dice chévere escribir del abandono, a lo mejor era obispo, tenía ahí un escritorio de roble y ahí escribe del abandono. Estaba en la cárcel, escribía en unos pedazos de papel higiénico, no, no había papel higiénico en ese tiempo, en unos pedazos, de no recuerdo, si eran hojas o simplemente papeles que iba encontrando, él fue escribiendo los poemas sobre el abandono.
Pidámosle al Señor entonces, que nos bendiga y dice la palabra del Señor de esta hora: “Párense en los caminos y miren, pregunten por la vieja senda, cuál es el buen camino y síganlo, y encontrarán descanso, reposo, dice la traducción, y encontrarán reposo.”
Que el Señor nos bendiga, que bendiga los alimentos que nos vamos a servir, que bendiga el amor entre nosotros y nos permita ser siempre fieles a Él.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, amén.